Arnau podría ser valenciano y estoy convencido de que lo era: lo consideraban el mejor médico de su tiempo (protegía al papa de los venenos de la curia), pero a él lo que le ponía eran las visiones apocalípticas. El alcohol era casi la única medicina del salvaje Oeste, lo hemos visto en las películas, pero en mi niñez aún combatíamos los dolores de muela con un copazo de cazalla que te adormecía la mitad de la calavera.
Antes, los vinateros habían descubierto que el mismo burro cargado de aguardiente, en vez de botellas de vino, podía producir cinco veces más dinero por el mismo viaje; el gremio de trajineros contribuyó mucho al vicio.

Cuando la Generalitat concede reconocimiento de procedencia a las palomas (los anises) de Monforte del Cid o al cantueso, ha quedado atrás la edad de oro de las destilerías indígenas, en plena autarquía. Entonces, el serpentín indígena alcanzó su máximo despliegue, el fulgor nocturno y a menudo secreto de las cofradías a la luz de la luna, un prestigio esquinado y reptante. Larry Flint destilaba whisky de patata, pero el Penyagolosa o el Montcabrer no eran menos que los Apalaches. Y entonces, ¡qué maravillosa eclosión! En Silla estaba y está Ríos, tal vez la primus inter pares, que sacaba en sus etiquetas al futbolista Puchades y al patriarca Matusalén. Aún pude beber una absenta de Cullera disfrazada como Flor de anís, eso sin contar la garrafa de absenta old formula que me agencié en Pego entre confidencias y murmullo de privilegio.

Por dos veces he fotografiado las destilerías Tenis (de Monforte) y Ferri (de Bellreguard), aunque descubrí que ésta última también fabricaba limoncello y naranchelo con mucho brío.

El alcohol fuerte y barato (el vino es un alimento místico) empezó, por los mismos años, a formar parte de nuestra oferta turística „el recuento de los estragos nunca acaba„, aunque en otros lugares, como Mallorca, lograron darles más vida a las destilerías locales que hoy, con la producción de absentas fortísimas, de colores y ribetes diabólicos, están en la cima de la modernidad. Lo más parecido a la vía mallorquina se da entre Xaló, donde la bodega vende vino y destilados de Pedreguer para tribus de guiris más diversas que los pueblos de Canaán, y Ondara, donde antes había una colosal bodega para aprovisionarse en ruta (Aguilar) y ahora tiene a su vera la competencia de tres o cuatro más.
Como el chauvinista, cuando se cansa de aclamarse, se convierte en un despreciador de sí, en un papanata, nunca hubo una tutela política de este mundo de olores y sabores de transfiguración para distinguir lo malo de lo regular y lo regular de lo bueno. Cada cual tiró por su senda: en Xert, Segarra elabora el brandy más caro del mundo, Alcoi sigue con su café licor y Bocairent con su herbero.

€ Dormir
Hoteles y paradores
casa julia
Parcent. Uno los hoteles más bonitos del país, en la casa de un indiano que estuvo en Chile. Punto de partida para explorar los destilados locales de Pedreguer, Pego, Ondara, Xaló y Bellreguard. Teléfono 966 405 050. Por si fuera poco, en Parcent está la bodega de Gutiérrez de la Vega.

€Comer 
Restaurantes
les terrasses de la torre
Carretera Gata-Llíber. Es un establecimiento que, además de su interesante cocina, es muy sensible a los destilados del terreno (también se ha especializado en un despliegue espectacular de gin tonics). Teléfono 965 733 204.

Enlace del periódico Levante